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La ciega


El Vagabundo acaba de recibir el sonido de una voz anónima que le ha pedido algo que jamás le habían solicitado antes. Esta voz ha creado un nudo en mi corazón y ha resecado mi garganta. La mujer ciega que ha visitado mi guarida me ha pedido algo que he de cumplir. Su testimonio me ha paralizado el espíritu y me ha congelado el alma.

Esta mujer ha nacido ciega, vive ciega y morirá ciega. Me ha pedido que le enseñe el mar, la luna y las estrellas. Es su último deseo, porque su vida se le está apagando como la vela que intenta en vano alumbrar la oscuridad de su eterna y perpetua madrugada. Es una mujer que ha sido fiel a la radio desde sus orígenes. Hoy decidió acompañarme en un paseo por las sombrías ondas del radiograma. Me ha pedido que fotografíe con mis palabras, lo que quiere ver. No sé si podré hacerlo pero mi obligación es intentarlo. He de reproducir verbalmente lo que mis ojos contemplan para que ella dé luz a las imágenes. Es un deseo que El Vagabundo ha de cumplir y para ello debo esforzarme.

Hoy, querida mujer, el mar está oscuro pero no siempre es así, sólo cuando el día ha sido turbulento muestran las aguas su enfado con los seres humanos que hacen de la vida un sendero de dificultades. Otras veces lo vemos azul,  plateado o verde. El mar va y viene. Es profundo y mis ojos, al igual que los tuyos, no pueden ver donde termina porque se pierde en la más inalcanzable lejanía. Veo, querida dama, como un horizonte le separa del cielo oscuro en esta noche de tinieblas y de sombras. Por el día es azul, aquí tenemos noche y día, aunque sé que tu vida sólo está compuesta por oscuridad. Hoy quiero alumbrar con mis narraciones tus negros senderos.

Veo también querida mujer, muchas estrellas. Son puntos de luz que brillan en las madrugadas despejadas. Flotan en el espacio del infinito a millones de kilómetros de nuestro hábitat. Antes de esos puntos de luz, existe otro más cerca de nosotros, es la luna. De ella estoy enamorado, porque es un blanco rostro que todo lo ve. Es el ojo del universo por donde se asoman los seres de otros mundos para ver nuestro comportamiento. Para mí, ella es una hortensia en el alto jardín de la noche.                     
Vemos más grande a la luna porque está más cerca que las estrellas, pero es mucho mas pequeña, no tiene luz propia y brilla porque el sol le da la luz que le sobra. De la misma manera el sol le ofrece el sitio para dominar el universo cuando él se marcha.

El calor que usted siente es el fuego que El Vagabundo enciende cada noche para refugiarse del frío. Es un elemento que el hombre inventó hace siglos para dar calor a su cuerpo. Es todo lo que rodea al Vagabundo en este descampado y vacío lugar. 
Ahora es usted señora la que ha de poner imágenes a mis palabras. Pero antes, quiero darle las  gracias por visitarme. Antes de marcharse, déjeme ser a partir de esta noche, su perro lazarillo. El perro de las noches oscuras que pueda guiar sus pasos por las veladas rondas. No se martirice por no poder ver. En este mundo, El Vagabundo ha encontrado videntes que no han visto más allá de la realidad inexistente. En esta sociedad existen quienes ven aún menos que usted, a pesar de tener córnea, retina, globo ocular y los ojos bien abiertos.

Adiós querida y respetada señora, espero haber complacido su último deseo, si lo he conseguido ya habrá merecido la pena entregarle la más acogedora acuarela que los ojos de su alma hayan podido ver. En su oscura imagen están las cosas que le rodean. Esta noche no voy abrir los ojos para ver. Esta madrugada los abriré para derramar una lágrima por usted.
  
Paco Morán (8-11-95)

Existen réplicas que producen silencios indefinidos, Aun así, el silencio también es válido para una respuesta

Narraciones escritas por Paco Morán









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