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¡Viva la libertad!

Creo en los hombres que creen en la libertad. Creo en el hombre que cree en los hombres. Creo y venero a los hombres y mujeres que murieron frente a un pelotón de fusilamiento gritando: ¡Viva la libertad!
Creo en quienes continúan confiando en el ser humano porque de ellos no se puede esperar nada malo. Y creo en ellos porque nunca organizarán guerras, ni perseguirán a nadie, ni pondrán al enemigo frente a un pelotón de ejecución, ni renunciarán a conseguir la liberación. Creo en el ser humano que sigue creyendo en el ser humano, porque jamás estos hombres y mujeres encarcelarán a nadie, ni recurrirán a la violencia, ni al chantaje, ni al engaño, ni a la patraña.

Creo en la tierra porque en ella vivo y de ella me alimento. Creo en la tierra que hace germinar la semilla que alimenta al mundo. Me deleita esta tierra que cobija a los pájaros y a los insectos. Creo en el cielo oscuro que me protege cada noche. A veces oscuro, a veces luminoso, a veces tormentoso y a veces demostrando todo el misterio sin descubrir que encierra.

Pero sobre todo creo en el profundo cielo de la madrugada. Creo en ese cielo plagado de astros luminosos, de satélites, de cometas, de planetas... Creo en ese cielo que me hace soñar con el infinito. Y creo en la muerte, porque muchos de mis hermanos vagabundos murieron en mis brazos. Creo en la muerte puntual, incansable y venerada  que nos coloca a cada uno en nuestro sitio.

Creo también en ti porque cada noche te siento caminando cerca de El Vagabundo. Creo en todo lo que me hace pensar en la libertad.  Y creo, porque es la única manera de hacer que el hombre sea libre. Desde el principio de los tiempos, esta palabra absorbió al hombre y lo llevó a la búsqueda de una eterna libertad, aunque por ello se vertiera mucha sangre.

Paco Morán (1-10-94)

Mis leucocitos en la noche no corren, pasean

Narraciones escritas por Paco Morán









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